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Pousada de Beja, São Francisco

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Martes Miércoles
Nº de Noches: 1
   
 

​Historia de la Pousada São Francisco: 

La Pousada de S. Francisco ocupa las instalaciones del antiguo Convento de S. Francisco en Beja. Los primeros registros de este convento datan del 10 de noviembre del año 1268, día que señalan la aparición de la Comunidad de S. Francisco en Beja por iniciativa del alcalde mayor Lopo Esteves y de los concejales Diogo Fernándes y Vasco Martins.

Este convento gozó, desde sus remotos orígenes, de una atención y un cariño especial de los regidores del reino, destacando que, en 1279, a la muerte de D. Alfonso II, el convento recibió un legado de 50 libras.

En 1304, durante una de sus cacerías, nuestro Rey Labrador, D. Dinis, mantuvo una lucha contra un oso que le dejó entre la vida y la muerte. El Rey elevó una plegaria a S. Luis, Obispo de Tolosa, prometiendo que si le ayudaba a librarse del oso, mandaría construir una capilla en el convento de S. Francisco y dedicaría una misa en acción de gracias por la milagrosa intervención del santo. Parece que la invocación le dio fuerzas para matar al oso que le estaba atacando.

En el siglo XVI, João Freire de Andrade, nieto del Maestre de Avis, D. Nuno Freire, instituyó en la capilla su panteón familiar, y a mediados del siglo, el vano de acceso al ábside de la iglesia fue transformado en edículo de factura clásica en el que insertaron una lápida de mármol con el blasón de los Freires y Câmaras. Aún en aquel siglo, se realizaron varias reconstrucciones, entre las cuales las del refectorio y los claustros.

Durante la regencia filipina, en el siglo XVII, el convento recibió varias donaciones regias, especialmente durante el reinado de D. Felipe III de Portugal. Después de la restauración, en los reinados de D. Pedro II y de D. Juan V, se realizó una remodelación general del convento, construyéndose nuevos dormitorios.

La arquitectura es religiosa, gótica. La capilla tumularia tiene una planta rectangular en el exterior, con ábside poligonal, formado por una pequeña nave de cabecera de 2 tramos, el primero con bóveda de cuña y el segundo con bóveda de crucería u ojivas con remates decorados, medias columnas con capiteles fito mórficos que reciben la descarga de las nervaduras, gran ventana con arco apuntado, bipartida y con mainel, que se abre sobre el paño central del ábside, enmarcada por archivoltas con capiteles, arcosolios con arcos de apuntado vaciado en el adorno de los alzados laterales.

En los bloques de piedra aparejados, se encuentran las mismas siglas que en la torre principal del castillo.

 

Historia de Beja:

Después de las invasiones bárbaras, Beja se convirtió en sede del obispado visigodo, con el nombre de Paca, hasta que, a principios del siglo VIII, cayó bajo el dominio musulmán. El Islam quedó encantado por Beja que conservó su gran perímetro amurallado y fue cuna de gente letrada como AlMut’Amid, paladín de los poetas andaluces y rey de Sevilla.

Los sucesivos intentos de reconquista por los reyes cristianos la redujeron gradualmente a escombros, ruinas de piedra e historias legendarias. Gonzalo Mendes da Maia, a pesar de su avanzada edad, 95 años, lograría la victoria sobre el temible rey moro Almoliamar. El artista Jorge Colaço haría la reconstitución iconográfica del suceso que legó en uno de sus paneles de azulejos concebidos para los jardines públicos.

Definitivamente en posesión de los portugueses a partir de 1234, fue reconocida como una de las principales villas del reino foral por D. Alfonso III. En 1521, con D. Manuel I, alcanza rango de ciudad. El obispado fue restaurado en 1770, más de mil años después de su extinción.

Varios son los elementos de interés que pueden encontrarse en la ciudad: portales románicos, ojivales, manuelinos y renacentistas, ventanas pareadas mudéjares, góticas, manuelinas, puertas de postigo, chimeneas de resalte de la judería y morería, rincones insospechados de arcos y vanos ojivales a los que se accede por pasadizos, túneles sui generis, calles y callejones.

La torre principal es el ex-libris de la ciudad. Su altura (40m) y su belleza la convirtieron en el mejor monumento militar del género en Portugal. Por su lado, la fortificación, de construcción romana, conserva, además de algunas puertas coevas y medievales, cerca de 1700m de perímetro, con 37 de las 48 torres.

La Praça da República refleja la vida del foro romano y del capitolio y contiene uno de los edificios civiles más hermosos del renacimiento en Portugal: el mercado público, utilizado, desde el siglo XVI, como iglesia, obra que fue encargada por D. Luis, 5º duque de Beja e hijo de D. Manuel I.

En el museo Reina Dª Leonor, instalado en el convento del siglo XV de Nuestra Señora de la Concepción, riquísimo tanto por su arquitectura desde el periodo gótico flamante, proto manuelino, hasta los albores del siglo XVI, como por la decoración barroca de la iglesia, se expone pintura flamenca, portuguesa y española al óleo sobre madera, cobre y tela, de los siglos XV a XVIII.

Este museo posee todo tipo de restos arqueológicos que abarcan todos los periodos, desde la prehistoria reciente, con especial incidencia en los periodos del bronce, el hierro y el romano.