Memória del monasterio e interpetácion histórica:
A poco más de un kilómetro del centro de Guimarães, ciudad cuna de la nacionalidad, en una pequeña colina de horizontes deslumbrantes, se levanta, majestuosa y altiva, la POUSADA DE SANTA MARINHA, orientada hacia la ciudad, reliquia de los tiempos dorados en que fue Monasterio.
Este templo dedicado al culto cristiano, se remonta probablemente a principios de la época de la reconquista cristiana a finales del siglo IX. Se desconoce en concreto cuál fue la característica de la primitiva ocupación de este Monasterio.
¿Correspondería a una época anterior a la conquista árabe? Fue ya identificado remontándose a la época romana tardía. Se sabe, también que una incursión de “paganos” sobre Guimarães, entre 959 y 968, originó importantes obras de reconstrucción y de fortificación, por lo que podría incluso haber servido como reducto defensivo durante el agitado periodo de las campañas de Almanzor.
Santa Patrona de las parturientas
Según cuenta la tradición, el Monasterio habría sido entregado por la Reina Dña. Mafalda a los canónigos de la orden de San Agustín (1154). Su función estaría ligada a una promesa de la mujer de D. Alfonso Henriques, primer Rey de Portugal, en honor a la Virgen y Mártir Santa Marinha, Santa Patrona de las Parturientas.
Existe en el Museo Alberto Sampaio una imagen da Santa Marinha de la Costa, una escultura francesa, que representa muy posiblemente a la hermana gemela de Santa Catalina, presente en la Iglesia Notre Dame de Courtrai, en Bélgica.
Puerta Mozárabe
De la época prerrománica se conservan algunas huellas arquitectónicas, así como varios fragmentos decorativos. El de mayor interés es la base de una torre, con su puerta típicamente mozárabe. Restaurada y debidamente acreditada, puede visitarse en el ángulo Noroeste del claustro, auténtica obra de gracia, serenidad y equilibrio. Era el acceso al interior del convento. Puerta original de una gran sobriedad y enorme valor arquitectónico por la pureza de sus líneas y gusto de su decoración, es el elemento mozárabe más representativo de los pocos que existen en Portugal. Signos representativos de la arqueología románica de ese periodo pueden verse en las paredes del claustro como documentos vivos, que según los indicios, se remontan al siglo VII.
Azulejos
En 1951 la gran ala oriental sufrió un incendio de proporciones gigantescas que sólo respetó la sala del Capítulo y la terraza de Fray Jerónimo. El incendio destruyó para siempre un patrimonio de valor incalculable, muy especialmente el rico, variado y extenso conjunto de mosaicos de azulejos que revestían las paredes y enmarcaban las puertas de la gran galería del cuerpo actual de las habitaciones, correspondiente a las antiguas celdas de los frailes. Estos azulejos huyen de la banalidad pues en ellos el fondo es azul y no los dibujos, que son blancos y dorados. Los azulejos que se perdieron o los que aún existen no hablan de virtudes o de milagros de los Santos, son escenas guerreras sin figuras piadosas. Tuvo más peso la fuerza decorativa de los azulejos que los temas.