Historia:
Pousada São Filipe:
La construcción vista desde el patio exterior que circunda el castillo resulta severa y sobria, como un ejemplo modélico de la arquitectura de aspecto militar. La obra, cuyo proyecto obedecía a los modelos más avanzados de la época, fue realizada por el Ingeniero militar italiano, Filipe Terzi.
La primera cintura de murallas, mandada construir en el siglo XIV y conocida por el nombre de cerca vieja, está formada por cuatro puertas, dieciséis postigos y numerosas torres y torreones. La gracia de las altas torres y la solidez de las almenas y merlones le confieren un imponente perfil dibujado por un trazo que surca el fondo de cielo y mar, un trazo radical que rompe esta fusión de azules.
La fortificación abaluartada, de planta irregular, con seis puntas, da fe de las adaptaciones para la artillería, ya que permite una gran diversidad de posiciones de tiro y una mayor eficacia en la defensa. Además, las murallas tienen una ligera inclinación para resistir mejor al impacto de los proyectiles. Las salidas de los subterráneos, en cada uno de sus ángulos interiores, aseguran la impenetrabilidad de la muralla, de forma que nada se vislumbra en la oscuridad de estas aberturas.
El escudo nacional de la llave de un arco enmarcado con aletas, con sus cinco esquinas esculpidas en la piedra, representa nuestras cruzadas y es el único elemento decorativo del hermoso pórtico del Castillo.
Aunque no quedan restos de un foso de agua alrededor de la construcción, en los muros sí hay indicios de la antigua existencia de un puente levadizo. Esta entrada está cerrada con dos puertas de madera, magníficas en volumen y antigüedad, con sus cuatro batientes ornamentados con goznes compactos y pesados cerrojos que aún se encuentran en su estado original.
En el amplio atrio, la desnudez y sencillez de los muros, recientemente restaurados, no dejan margen a la especulación, y sólo alberga un pequeño horno que rompe con esta dependencia impersonal y que servía, en tiempos, para calentar al centinela.
Es imposible estimar cuántos pasos desgastaron estas losas, pero sabemos que por allí pasaron las victoriosas tropas y gentes del pueblo cuando, en diciembre de 1640, llevaron a la guarnición castellana del Castillo a la rendición. También acogieron a los traidores que intentaron asesinar a nuestros reyes y que fueron detenidos allí hasta su juicio, y al noble pasado de Jerónimo de Melo e Castro, gobernador del Castillo y descendiente directo del linaje de D. Pedro y Dª Inés de Castro, y el vigoroso circular de tanta gente que vivió en la sombra, edificando no sólo aquí, sino también en todo el país, un pasado del que aún vivimos.
Varios fueron los incentivos para desarrollar la obra, entre los cuales destacan la recaudación de nuevos impuestos a la población y a los comerciantes de sal.
Aunque el fuerte, cuyas obras concluyeron cerca de 1600, se mandó edificar por la necesidad imperiosa de controlar el acceso a la desembocadura del Sado de los barcos extranjeros que comerciaban con la sal y la pesca, no deja de ser notable su defensiva posición en relación con la ciudad, factor que encontraría su expresión en su tenaz resistencia a los tumultos de la restauración en 1640.
Efectivamente, el día 14 de diciembre del mismo año y tras seis días de resistencia al cerco que levantó João Gomes da Silva después de la proclamación de D. João IV como Rey de Portugal, esta fortaleza y sus tropas se rindieron a los militares y a la población de Setúbal, aceptando por fin el nuevo régimen proclamado por la revolución del día 1 de diciembre de 1640.
Aquí fueron retenidos, el 28 de julio de 1641, algunos de los presuntos participantes en la tentativa de regicidio contra el nuevo rey, tales como D. António de Ataíde, Conde de Castanheira, y otros que fueron juzgados y sentenciados inmediatamente por la conspiración que tenía por jefe al Arzobispo de Braga, D. Sebastião de Matos e Noronha. Este castillo fue nuevamente utilizado como prisión de estado, cuando, en 1758, se retuvieron aquí algunos hidalgos acusados de conspirar contra la vida de D. José I.
Se amplió la casa del Gobernador que sería consumida por las llamas el 10 de febrero de 1868, junto con los cuarteles, a consecuencia de un acto criminal que supuestamente encubría una maniobra política destinada a desviar la atención popular de las elecciones que se celebraban aquel día en la ciudad.
También allí fue encarcelado Paulino de Oliveira, poeta y periodista republicano, acusado de encabezar una violenta revuelta en marzo de 1890. Tres años más tarde escribiría “Em Ferros de El-Rei”, en el que relata sus 30 días de encarcelamiento.
En lo que se refiere a la arquitectura del castillo, destaca la sala que ahora sirve como sala de reuniones, donde antaño se tumbaba un carcelero indiferente mientras, en las dependencias anexas, los prisioneros esperaban sentados el momento de ser conducidos a una fría y oscura celda donde muchos pasarían el resto de sus vidas.
La capilla de S. Felipe fue mandada construir por el rey D. Manuel, en 1736, y destaca por la riqueza decorativa de los azulejos azules y blancos del siglo XVIII que cubren cada milímetro de sus paredes y techo. Manifestación del arte de Policarpo de Oliveira Bernardes, los paneles que representan parte de la vida de S. Filipe, siguen casi intactos hoy en día.
En las paredes de la capilla mayor alrededor del altar, la virgen pintada en distintas escenas de su vida habrá asistido incontables veces al ritual religioso que ya no se celebra allí. La última ceremonia que tuvo lugar allí fue una boda en 1973.
Ahora puede gozarse de las generosas vistas de un agradable panorama. La ciudad que vio nacer a Borja y a Luiza Tody, la ciudad que devuelve los ecos del calor del sol de julio, transpirando indolente al murmullo del trabajo de las gentes, descansa allí, a la izquierda, protegida y sumisa ante el imponente fuerte.
En frente, el río refresca la visión deslumbrada del turista que lleva su curiosidad hasta donde el Sado acaricia las arenas de Tróia. La sierra de Arrábida se eleva a la derecha, más allá de las curvas donde se pierden las filas de coches en busca de playas, donde se adivinan sombras y frescuras que confirman el crédito paisajístico que merece nuestro Portugal.
En este castillo, más allá del deleite visual que nos ofrece cualquier punto de la muralla, hay un leve aroma a pasado. Son los pasos de una vida cotidiana soterrada de cuatro siglos de historia. Si un soplo de imaginación pudiera dar vida a estas gruesas paredes, veríamos como se dibuja un cuadro animado de la vida de la corte durante el reinado de Filipe II, rey de España y Portugal.
Las obras de restauración llevadas a cabo cuando se abrió la Pousada, que se inauguró en 1965, no cegaron por completo la vida anterior. Cierto aire rústico, a pesar de la posterior adaptación, confiere a la Pousada un ambiente de auténtico reposo, aderezado con la decoración adecuada, sencilla y sobria, que le otorgan las condiciones óptimas, tanto por la amplitud de sus instalaciones, como por la selección del servicio y la colocan a la altura del buen turismo que nos proponemos practicar.
Consejo de Setúbal:
Los registros de ocupación humana en el territorio del consejo se remontan a la prehistoria, habiéndose encontrado, en varios lugares, vestigios que datan del Neolítico.
Con la presencia romana en los siglos I al IV de nuestra era, nació Cetóbriga, un importante núcleo urbano e industrial principalmente vinculado a la pesca, que se extendió por las dos márgenes del río Sado, Tróia incluida.
Durante las invasiones bárbaras y la ocupación árabe, la zona habitada fue abandonada progresivamente debido al avance de las arenas. Atalayas y Palmela, puertos más abrigados como Alcacer do Sal, y valles fértiles como Azeitão, fueron los lugares escogidos por los invasores musulmanes para establecerse.
Después de la conquista de Palmela de los moros y del establecimiento de la Orden de Santiago de la Espada, Setúbal fue repoblada, primero en la colina de Santa María y progresivamente en la zona baja que se extiende hasta el actual barrio de Tronio. Recibió, en 1249, de D. Paio Peres Correia, maestro de la Orden, la primera carta foral.
Setúbal, con una extensión territorial relativamente pequeña, tuvo que afirmarse luchando con los concejos vecinos - Palmela, Santiago do Cacém y Alcácer -, que ya estaban constituidos.
Frente a las dificultades de los habitantes en relación con la entrada y venta de productos traidos de Sesimbra, Palmela y Alcácer, el maestro de Santiago, D. Garcia Peres, dio ejecución, en 1343, a una carta de D. Afonso IV, que delimitaba el término de Setúbal, habiéndose construido una cintura de murallas.
A lo largo del siglo XV, la villa desarrolló actividades económicas ligadas fundamentalmente a la industria y al comercio, obteniendo así elevados ingresos, como los derechos que se cobraban a la entrada del puerto.
Los primeros conventos franciscanos, entre los cuales ,el Convento de Jesús, fueron construidos en Setúbal durante ese siglo.
La época de los descubrimientos trajo consigo un gran desarrollo, habiendo partido D. Alfonso V, en 1458, del puerto de Setúbal para conquistar Alcácer Ceguer.
La construcción de un acueducto en 1487 para abastecer de agua a la villa, iniciada por D. João II, se concluyó bajo el reinado de D. Manuel. Este monarca reformó el fuero de la villa en 1514 debido al gran progreso y aumento demográfico que había registrado Setúbal a lo largo del último siglo.
El título de “notable villa” le fue concedido en 1525 por D. João III. Este título condujo a la creación, en 1553, por carta del arzobispo de Lisboa, D. Fernando, de dos nuevas feligresías, la de S. Sebastião y la de la Anunciada, que se unieron a las ya existentes de S. Julião y Santa María.
A cerca de un kilómetro de Setúbal, el Rey Filipe II mandó edificar una fortaleza, la de S. Filipe, cuyas obras fueron iniciadas en 1582.
El terremoto de 1755 destruyó y dañó muchos edificios, aunque los más afectados fueron los distritos que estaban ubicados en la zona más baja de Setúbal.
A lo largo del siglo XIX, el desarrollo económico y social transformó la villa en uno de los centros comerciales e industriales más importantes del país. Fue elevada a ciudad en 1860, por carta regia, a solicitud del ayuntamiento al rey D. Pedro V presentada dos años antes. En aquella época fue inaugurada la vía férrea Barreiro-Setúbal y, en 1863, la iluminación con gas. Se iniciaron las obras de aterramiento del río, que dieron nacimiento a la avenida Luísa Todi.
Setúbal fue elevada, en 1926 a sede de distrito y, en 1975, a cabeza de diócesis.