Historia:
Pousada D. Maria I:
Instituida en 1654, por Decreto Regio de D. João IV, la Casa do Infantado, perteneciente a los segundos hijos de los Reyes de Portugal, agrupaba todos los bienes confiscados a los simpatizantes de Castilla tras la restauración en 1640 y la subida al trono del Duque de Braganza. A este patrimonio fueron también incorporados la Quinta de Queluz y el Pabellón de Caza pertenecientes desde finales del siglo XVI a D. Cristóvão de Moura, primer Marqués de Castelo Rodrigo.
La “Casa de Campo” de Queluz fue elevada a Palacio por el Infante D. Pedro (1717-1786), segundo hijo de D João V y de Dña. Mariana de Austria y hermano del Rey D. José (1714-1777). El proyecto inicial fue confiado al arquitecto Mateus de Oliveira, iniciándose las obras en 1747.
En 1752 estaba ya terminada la Capilla profusamente decorada en estilo Rococó por el maestro escultor Silvestre Faria Lobo. El proyecto global conocería sin embargo modificaciones y ampliaciones sucesivas hasta finales de siglo.
A una primera fase de obras para ampliar la antigua residencia del siglo XVII situada en la zona de la actual cocina, le sucedió una segunda fase coincidiendo con el anuncio de la boda de D. Pedro con su sobrina, la futura Reina D. Maria I (1734-1816), que tendría lugar en 1760. Se hacía necesario dotar al Palacio de espacios y de salas que tuviesen el esplendor propio de un Palacio Real, tarea en la que desempeñó un papel importante el arquitecto francés Jean-Batiste Robillon, que emigró a Lisboa tras la muerte de su maestro, el orfebre francés Thomas Germain.
Mateus Vicente, llamado para la obra de reconstrucción de Lisboa tras el Terremoto de 1755, seguirá como Superintendente en Queluz, cediendo sin embargo el papel principal al arquitecto francés.
Rodeado de un elenco de artistas nacionales y extranjeros, Robillon se ocupó de la decoración de los más bellos espacios – Sala del Trono, Sala de Música y Sala de los Embajadores - , ampliando el proyecto inicial al ala de poniente, el Pabellón Robillon y la Escalinata de los Leones como solución escenográfica para vencer el desnivel existente entre los jardines superiores y la “Quinta”. Tanto los jardines geométricos “a la francesa” que rodean el palacio, como el resto del Parque fueron entonces decorados con estatuas, balaustradas, lagos y azulejos.
Concebido desde siempre como un Palacio de Verano, la Corte solía desplazarse a Queluz para asistir a serenatas, torneos y espectáculos de fuego, con ocasión de las celebraciones de los Santos Patronos, en especial la de San Pedro, y de los aniversarios de las “Personas Reales”. Con el incendio del Palacio de Ajuda en 1794, el Príncipe Regente D. João VI (1767-1826) y D. Carlota Joaquina (1775-1830) trasladaron su residencia a Queluz de forma permanente. Se construye un segundo piso sobre el ala Robillon para los aposentos de la Princesa D. Carlota Joaquina y de los nueve hijos de la pareja del que sólo queda el piso noble sobre la Fachada de ceremonias, tras arder todo lo demás en un incendio en 1934. Pertenecen también al cambio de siglo los edificios contiguos al Palacio: el edificio de la Torre del Reloj –actual Pousada– destinado al almacén de ropa de la casa real y al alojamiento del personal, el edificio del cuartel y el palacete neoclásico del segundo Marques de Pombal, hidalgo de la Reina D. Maria I.
Con la partida precipitada de la Familia Real a Brasil en 1807, durante las Invasiones Francesas, termina el periodo en el que el palacio fue más vivido. La corte regresaría en 1821 pero Queluz sólo volvería a ser habitado, en régimen de semi exilio, por la Reina Carlota Joaquina acompañada por su cuñada la Infanta D. Maria Francisca Benedita (1746-1829), la ”Princesa–Viuda” a cuyo nombre quedó ligada una de las alas de los aposentos. También D. Miguel (1802-1866) residiría allí, mientras fue rey y durante el periodo sangriento de las guerras fratricidas que enfrentaron a D. Pedro IV (1798-1894), primer Emperador de Brasil, que, tras la victoria liberal, moriría prematuramente en el Palacio en la habitación de D. Quijote.
Propiedad del Estado Portugués desde 1908, el Palacio de Queluz ofrece a quien lo visita actualmente una valiosa colección de artes decorativas de mobiliario portugués, tapices de Arraiolos, retratos reales, porcelana china y europea y orfebrería procedente en su mayor parte de las Colecciones Reales, integradas en ambientes de época. Sus salas, de dimensión humana e intimista, decoradas con tallas doradas y telas pintadas ilustran muy bien la evolución del gusto en Portugal desde la segunda mitad del siglo XVIII a la primera parte del siglo XIX, pasando del Rococó al Neoclasicismo.
El público que visita el Palacio puede disfrutar semanalmente de numerosos conciertos que se celebran en sus salas o asistir a una exhibición de la Escuela Portuguesa de Arte Ecuestre en el picadero al aire libre.
Desde 1957 el Pabellón D. María, ala de oriente aneja al Palacio, es la Residencia de los Jefes de Estado Extranjeros en visita oficial a nuestro País.
Consejo de Queluz:
Queluz conserva aún algunos monumentos históricos que recuerdan la lusitanidad. Por aquí pasaron muchos pueblos (siglos XII a.C. a VIII d.C.) que influyendo en las gentes primitivas de esta zona, dieron origen al pueblo portugués: Iberos, Fenicios, Griegos, Celtas, Cartagineses, Romanos, Suevos, Alanos, Visigodos y Moros.
En el Monte Abraão, así como en cuatro emplazamientos muy próximos – Idanha, Belas, Carenque y Jarda, se encontraron algunas construcciones megalíticas de finales del tercer milenio (esculturas neolíticas occidentales, 2250 a.C., antas o dólmenes), entre otros monumentos.
Hay que destacar un puente de 1630 que continua sirviendo el tráfico Queluz-Amadora, acueductos, fuentes, solares, un palacio en Belas y el de Queluz, donde podemos seguir muchos pasos de nuestra historia. Son también importantes las pinturas alegóricas en los techos representando las famosas "serenatas" de Queluz, que fueron la mejor expresión cultural del momento, o los bellos mosaicos alusivos a meriendas, cacerías y fiestas reales.
En esta zona, propicia a la meditación ya desde los tiempos prehistóricos, a juzgar por el gran número de monumentos megalíticos, muchos buscan recogimiento o, como Alexandre Herculano, un ambiente favorable para su trabajo.
Es en el siglo XVII cuando Queluz empieza a adquirir importancia, dejando de ser sólo una aldea con varias quintas de hidalguía de Lisboa. Fue en una de esas quintas, en terrenos que pertenecieron a João Pires y más tarde al Monasterio de S. Vicente de Fuera y a la Orden de S. Juan de Jerusalén (Hospitalarios) donde el 1º Marqués de Castelo Rodrigo, Cristóvão de Moura, estableció su casa de campo.
Tras la dominación española y confiscados los bienes del 2º Marquês, D. João IV, instituyó a favor de los segundos hijos de los reyes de Portugal, la Casa do Infantado, que entraría a formar parte de los bienes del Infante D. Pedro (su tercer hijo) que la empezó a habitar en 1667. A este príncipe, ascendido posteriormente al trono (D. Pedro II), le sucedió su hijo el Infante D. Francisco, que adoptó el Palacio como residencia favorita.
Tras su muerte le sucedió el Infante D. Pedro, segundo hijo de D. João V, futuro marido de D. Maria I, a quien se debe el inicio de la actual construcción, más o menos en su estado actual.
La vida aristocrática se anima cada vez más originando nuevas construcciones. D. João VI y D. Carlota Joaquina, en 1794, hicieron de Queluz su residencia oficial.
En Queluz vivió también D. Miguel antes y después de ser rey, habiendo nacido y fallecido aquí D. Pedro IV, 27º Rey de Portugal y 1º Emperador de Brasil (1798-1834). En 1934 se produjo un incendio en el Palacio.
Queluz fue desanexionado de la feligresía de Belas, pasando a ser sede de junta de distrito, y sólo hace poco tiempo fue elevada a ciudad.
Finalmente, nos quedaría por contar la leyenda según la cual un príncipe tratando de orientarse, preguntó a los compañeros con los que cazaba: “¿Qué luz es aquella que se ve?, siendo así como la luz tenue de una capillita dio su nombre al lugar de Queluz (así se pronunciaba hasta el siglo XIX).
Algunos investigadores se remontan más lejos en el tiempo, atribuyendo el nombre de Queluz ("Aquiluz") a los dioses "Lu" o "Luz" de los antiguos Lusitanos, que estaría también en el propio nombre de "Lusitânia" ("Ciudadela de la Luz").
Según algunos historiadores, el nombre de Queluz es de origen árabe, de "quê" (o câ) – fondo o parte baja de un valle, formado por el lecho de un riachuelo, valle estrecho – y "lûz" (con el artículo árabe "llûz"), "almendro", es decir, "Valle de los Almendros ".