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Pousada do Crato, Flor da Rosa

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Historia del Consejo de Crato:

En 1048, los mercaderes napolitanos de Analfi ampliaron el servicio de apoyo a los peregrinos, fundando, en la ciudad de Jerusalén, el Hospital de S. Juan Bautista. La congregación que dirigía el hospital acabó por transformarse en una orden, la de San Juan de Jerusalén o del Hospital, con autonomía y regla propia.

Posteriormente se le asignó una función de protección militar. Así, y a semejanza de lo que ocurría con otras órdenes militares, los frailes de la Orden del Hospital dividían su trabajo entre la acción benemérita directa y la acción guerrera caballeresca.

Con todo el prestigio adquirido y con casas esparcidas por toda Europa, esta Orden se organizó por lenguas y naciones. A saber: de Provenza, de Francia o de París, de Italia, de Alemania, de Aragón y de Castilla y Portugal. Cada una se subdividía a su vez en Prioratos, de los que dependían las encomiendas. Internamente, los frailes se agrupaban, según su categoría, en: caballeros, sirvientes y capellanes. Su hábito y manto eran negros y tenían una cruz blanca sobre el hombro y sobre el pecho.

En Portugal, la llegada de los Caballeros Hospitalarios debió ocurrir entre 1114 y 1132. Según la documentación recogida, fue Dª Teresa, viuda del Conde D. Henrique, quien hizo la donación de las tierras de Leça, donde la Orden levantó su primera casa, el Monasterio-fortaleza de Leça do Bailio.

Al igual que otras Órdenes militares, los frailes guerreros del Hospital se distinguieron en la lucha por la recuperación de los territorios ocupados por los musulmanes. Así, y a medida que avanzaba la reconquista, la Orden de San Juan de Jerusalén extendió sus dominios hacia el sur, de forma que D. Alfonso Henriques les cedió la iglesia de San Juan do Alporão de Santarém y la iglesia y la encomienda de S. Brás en Lisboa. Durante el reinado siguiente, se les entregaron los castillos de Cernache do Bonjardim y el da Serta, así como una serie de tierras junto al Tajo, donde los caballeros levantarían el Castillo de Belver.

Se transfirió la administración y el gobierno de la Orden a estas tierras y, durante los reinados siguientes, se hicieron donaciones un poco por todo el país, no sólo en el sur, sino también en la zona de Tras-os-Montes y Beiras.

El apoyo del Priorato de Crato durante la crisis de 1383-1385 al partido de Dª Beatriz, puso en tela de juicio el poder y el prestigio ganados por los caballeros hospitalarios en las luchas de la Reconquista. Con el advenimiento de D. Juan II, la orden fue olvidada y sólo sería rehabilitada bajo D. Alfonso V, en reconocimiento al apoyo prestado a su madre durante la regencia de su tío, el infante D. Pedro.

Con la política de centralización de D. Manuel, la Orden eligió a su último Prior independiente de la corona, D. Manuel de Noroña da Câmara. En el reinado siguiente el rey se hizo responsable de la atribución de este cargo, el cual entregó a su hermano, el infante D. Luis. Esta situación se mantuvo hasta 1789, momento en el que la reina Dª María I, consiguió del papa Pio VI la Bula “Expedit Quam Maxime” que separó definitivamente el Priorato de Crato de la Orden Internacional. Con esta medida se transfirieron las prerrogativas espirituales a Santa Sé y los bienes terrenales a la Casa del Infantado, señorío instituido por D. Juan IV para los segundos hijos de los monarcas portugueses.