Historia de la Pousada:
A pesar de que hubo un proyecto, que data de 1946, para instalar una Pousada donde se encuentra hoy el Ayuntamiento, éste nunca se concretó, a decir de algunos, debido a las rivalidades entre Marvão y Castillo de Vide. Hubo que esperar a que, por iniciativa de una figura relevante de la época, el Señor Jeremías da Conceição Dias, Marvão fuera dotada del primer establecimiento hotelero.
Heredero de una casa que unió a la del vecino sacristán, adquirida en otro momento, construyó e instaló un hostal al que puso el sugestivo nombre de “Nido de las águilas”, con cinco habitaciones.
Cerca de 10 años después, el S.N.I la integró en su red de Pousadas, ampliándola hasta 8 habitaciones y aprovechando la extensa terraza para instalar un restaurante acristalado, desde donde se goza de una magnífica vista panorámica.
De 8 habitaciones pasó, en 1987, a 13, utilizando un pequeño jardín anexo al restaurante, y en 1992, tras permanecer cerrada durante 15 meses por las obras de ampliación y remodelación, volvió a abrir con 28 habitaciones dobles y 1 suite. En esta ampliación se recuperó una antigua fundición que estaba en ruinas frente al edificio original de la Pousada. Se mantuvo la ubicación del Restaurante, ligeramente ampliado, y las antiguas habitaciones se convirtieron en sala de estar/bar con una confortable chimenea para las noches de invierno. Un antiguo mirador fue aprovechado como terraza panorámica. Todas las habitaciones fueron equipadas con mini-bar, radio, TV con antena parabólica, teléfonos con línea exterior directa y secadores de pelo.
En 2003 se volvieron a hacer algunas modificaciones al comprar otra casa contigua a la Pousada. Así, se remodelaron 5 habitaciones que pasaron a tener una pequeña veranda, y se hicieron dos nuevas suites y una sala de estar. Se cerró la terraza junto al bar para aprovechar mejor ese espacio, que tenía temperaturas extremas. En 2004, al término de las obras, se inició la remodelación de la decoración de la Pousada.
La Pousada tiene varias características que la convierten en un lugar especial. La atmósfera de las habitaciones y de los espacios comunes es acogedora, la decoración sencilla y el ambiente familiar. Las habitaciones responden a dos tipos de gusto completamente distintos: unas (pocas) tienen vista al extenso paisaje montañoso de esta villa altanera; otras están orientadas al interior pueblo y sumergen al huésped en las calles, callejones y traviesas medievales, con casas de granito y cal.
História de la Villa de Marvão:
Sobre el origen del nombre hay distintas opiniones. Parece que es de origen árabe. Sobre la posibilidad de que el nombre derive del moro Maruan, se cuenta la fábula de que al llegar a Medobriga, se enamoró de una hermosa dama portuguesa con la que quiso desposarse. Se le impuso la tarea, considerada imposible, de levantar una fortaleza en lo alto de las rocas que desde allí se divisaban, para obtener el consentimiento. El moro, preso de los encantos de la dama, no sólo prometió hacerlo, sino que dijo que lo haría en una sola noche. Al amanecer del día siguiente, ya aparecían las torres de la fortaleza. La dama se vio obligada a arrojarse por un balcón para no faltar a su palabra, ni tener que cumplir su promesa.
También hay otras versiones según las cuales el nombre deriva de las palabras Mal-Vão (mal van) que habría evolucionado a Marvão. Se cuenta que en tiempos de los romanos, Medobriga fue conquistada y destruida, teniendo sus gentes que huir y refugiarse en la sierra. La escalada era muy agreste y empeoraba con la subida, lo cual provocó muchas muertes. Los supervivientes se decían unos a otros “mal vão”.
Además hay quien defiende que esta expresión Mal-Vão se debe al hecho de que allí se enviaron prisioneros de guerra y militares condenados al destierro.
Más allá del vuelo de los milanos, abarcando el horizonte como desde un nido de águilas, en la cima de una montaña agreste, Marvão se define como una tierra donde se ve el vuelo de los pájaros desde arriba. Marvão se considera la villa más alta de Portugal.
Al contemplar la villa en su conjunto, un cúmulo de casas blancas con sus balcones de hierro forjado y sus ventanas típicas, apiñadas en unas calles estrechas y tortuosas, algunas de las cuales en abrupta escalera, se nos ofrece la visión de uno de los pueblos medievales más característicos. Debido a la escasa posibilidad de expansión y a la falta de recursos dentro de las murallas, el antiguo burgo está condenado a desaparecer o a quedar como una muda reliquia de un pasado glorioso.
El castillo se alza poderoso y protector en lo alto de un monte escarpado de granito, a 862 m de altitud. Se recomiendan las vistas en días límpidos y claros para abarcar el deslumbrante panorama que nos ofrecen de estas tierras de Portugal y España. Construida en líneas suaves y originales, con el contorno en forma de barco, la fortaleza parece el complemento de la cumbre rocosa donde se haya implantada. El castillo es espacioso y amplio, con varias puertas más allá de la entrada principal, que van dando acceso al interior. Al fondo, la imponente torre principal, que se eleva a una considerable altura. Esta torre sufrió varios destrozos durante el terremoto de 1755 y algunos otros causados por fallos eléctricos.
Una de las obras más hermosas es la cisterna, magnífica construcción abovedada de poderosas arcadas, en la que se abren tres grandes claraboyas que dan un poco de luz al interior. Tiene espacio suficiente para abastecer la villa durante 6 meses, ya que la falta de agua era lo único que había que temer en caso de guerra o de sitio prolongado.
A la villa se entra por las Puertas de Ródão, así llamadas por estar en frente de la planicie, al fondo de la cual se encuentra el tramo del Tajo que lleva el mismo nombre. De ahí se siguen las famosas calles estrechas que suben hasta el castillo.
En lo que se refiere a los orígenes de la villa, no parece que haya dudas de que el burgo primitivo es morisco, y que fue fortificado por su admirable posición estratégica. Allí existió una ciudadela muy próspera llamada Medobriga, a la que algunos identifican con la actual Aramenha y que fue un importante punto de paso para las tropas del Imperio, que la conectaban con Olissipo (Lisboa).
Cuando los árabes invadieron la antigua y próspera Odiana (Alentejo), la transformaron en un campo de luchas sanguinarias, reduciendo a cenizas las villas y lugares. Indefensos en la planicie, los habitantes de Medobriga recurrieron a la protección de la sierra en la que hoy se encuentra Marvão. Estas características y cualidades de Aramenha permitieron a los árabes establecerse y convivir pacíficamente con los cristianos.
La fundación de la villa se atribuye a un moro llamado Maruan, palabra que en árabe significa suave, agradable, ameno. Según autores antiguos, este moro inició la construcción de la fortaleza que D. Sancho II y D. Dinis desarrollarían y completarían más adelante, dándole su actual configuración.
No se conoce la fecha exacta de la conquista a los moros, pero está comprobado que, en el año 1167, ya estaba incorporada a la Monarquía portuguesa, siendo una de las villas más importantes al sur del Tajo. Esta importancia se fue acentuando hasta que D. Sancho II la elevó a categoría de municipio, otorgándole, en 1226, el fuero correspondiente. Su admirable posición topográfica, inaccesible y naturalmente defendida por la elevada altura del monte donde está localizada, contribuyó considerablemente a este desenlace.
Marvão, junto con otras tierras del distrito de Portalegre, fue donada por D. Alfonso III a su hijo, el Infante D. Alfonso, hermano de D. Dinis. Esta donación fue más adelante la causa de una guerra entre los hermanos, ya que el Rey no quería que estas tierras pasaran en herencia a sus sobrinas, casadas con poderosos señores de Castilla.
Durante la reforma que encargó D. Manuel de los antiguos fueros, este monarca otorgó nuevos fueros a la villa, en decretp fechado en 1512.
Marvão desempeñó un importante papel en la defensa nacional a lo largo de las distintas contiendas con Castilla. Más adelante fue la primera plaza de la provincia que consiguió liberarse de las invasiones francesas, y por su importante papel en las luchas liberales, Dª María II le otorgó el blasón y el título de “Muy Noble y Leal Villa de Marvão”.